“Con Dios está la Sabiduría y el Poder. Suyo es el Consejo y la Inteligencia.” Job 12:13
Es la Biblia la reunión de 66 libros. Éstos tienen diferentes tamaños pero siendo escritos por diferentes humanos en muy diferentes épocas y con mucha distancia en tiempo tienen, sin embargo, una coherencia absoluta. ¿Por qué? Porque todos esos autores fueron inspirados por el Espíritu Santo y ellos redactaron casi sin saber de lo que escribían. Pruebas por miles y miles pero tomemos sólo un par de ellas: Moisés es el escritor de los cinco primeros libros bíblicos que en su contexto se conocen con el Pentateuco y ellos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. La aparición real de Moisés, su nacimiento, ocurre recién en el capítulo 2 del segundo libro (Éxodo) después de miles de años de la creación de Adán por Dios, entonces: ¿Cómo pudo escribir sobre el comienzo de las cosas? ¿Cómo lo sabía? Si nadie antes de él había escrito algo…Simplemente por el Poder del Espíritu Santo. Otro caso: Vayamos al rey David quien es autor de la mayoría de los Salmos y en ellos describe con absoluta verdad sobre los padecimientos de Cristo en la cruz, de los diálogos de Jesús con Su Padre, palabra a palabra. ¿Cómo supo David lo que pasaría? Nunca lo supo. El poderoso Espíritu Santo lo reveló. Maravilloso poder de Dios. Estos dos ejemplos muestran a un hombre (Moisés) que escribió sobre el pasado que él no conocía y a otro hombre (David) que redactó sobre el futuro que ni siquiera soñaba. Veamos al Espíritu Santo de otra forma. Tomemos dos de sus innumerables apariciones:
“Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre Él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo Amado; en ti tengo complacencia.” San Marcos 1:9-11
¿Es el Espíritu Santo una paloma? No, en lo más mínimo pero si no tomaba forma visible cómo los incrédulos humanos podían atestiguar que verdaderamente se cumplían las Escrituras cuando dicen, miles de años atrás:
“He aquí mi siervo, yo le sostendré, mi escogido en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre Él mi Espíritu, Él traerá justicia a las naciones.” Isaías 42:1
Otro caso: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” Hechos 2:1-4
¿Es el Espíritu Santo un recio viento? No, en lo más mínimo. Así también puede aparecer como Él lo desee, aunque en realidad Él no es visible generalmente al ojo del cuerpo. Pero… ¿qué hace ahora? Aquí viene lo importante. Dijo Jesús a sus discípulos antes de su ascensión:
“No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:7-8
El Espíritu Santo es una de las tres personas que están en Dios, las otras son el Padre y el Hijo. No son tres Dioses. Es un único Dios con tres personas. Ahora su misión es, lo que dijo Jesús:
“Y cuando Él (el Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia por cuanto voy al Padre y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. San Juan 16:8-11 Y agrega: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.” San Juan 16:13-15
El Espíritu Santo es el que convence al pecador de su pecado, es el que quebranta el corazón de las personas para que se reconozcan pecadores. Es poder de Dios actuando para glorificar a Jesús, para mostrarlo a Jesús como único y absoluto salvador, como el único camino, como la única posibilidad que tienen los hombres de ir a vida eterna. El Espíritu Santo hace una incansable obra en el corazón de las personas, y es el Poder que puede traer a Jesús a morar en tu corazón. ¿Qué te parece? Dios morando dentro de ti. Rechazar al Espíritu Santo es pecado imperdonable porque es rechazar la obra perfecta de Jesús en la cruz. A veces Él llama una vez, dos, quizás muchas pero todo esto mientras tú tienes vida, y después qué: el juicio. El juicio para vida eterna o para condena eterna. Hoy es el día de tu salvación, hoy el Espíritu Santo te quebranta el corazón para que Jesús entre en Él. Nunca sabemos hasta cuándo sonará el tambor del corazón, pero ese sonido es un golpeteo y golpea Jesús pidiendo que por fin abras esa puerta. Él quiere cenar contigo. ¿No quieres a Jesús en tu mesa? Entonces dile y no te rechazará. Dile que has pecado. Que te arrepientes. Que te perdone. Que sea el Señor de tu vida. Que te de vida eterna. Que te sane. Que te limpie. Que te haga nacer de nuevo. Que te muestre su gracia y misericordia, también su amor. Que le obedecerás. Que quieres tener paz en tu corazón…
Que el Espíritu Santo te ayude y que Dios te bendiga y te guarde.
No hace mucho recibí esto que acabáis de leer por mail. No era el primero que me enviaba, no voy a decir quién era porque no me interesa, pero no era el primero que me enviaba. Así que le contesté lo que sigue:
Por favor, me gustaría que no me volvieras mandar ningún mail diciéndome que tengo que creer en tal o en cuál cosa, intimidándome e importunándome. No digo que tu intención, en su ambigua inocencia, no fuera "buena", pero no quiero recibir más mensajes tuyos. Y ya que tú has creído ver en mí la suficiente confianza como para enviarme un par de mails catequísticos y enseñándome el dogma, voy a usar esa misma confianza yo haciendo un par de mínimas anotaciones.
Dices que Moisés conocía el pasado gracias al espíritu Santo, que David conocía el futuro gracias al mismo espíritu santo, que el espíritu santo no es una paloma, que tampoco es un recio viento, que es uno y trino... sólo te ha faltado contar lo que le pasó a San Agustín en la playa con aquel ángel y decirnos qué es un misterio...
La Biblia son sesenta y seis libros dices, ¿por qué no explicas cuál fue el procedimiento que se siguió para seleccionar esos libros? Porque ¿no había alguno más? Bueno, ya os lo digo yo, en el famoso concilio, se reunieron los obispos de la época y dejaron en manos de la divina providencia tal tarea: para separar los "buenos" de los "malos" no se les ocurrió otra cosa que ir lanzando los libros sobre una mesa, y los que cayeran dentro eran canónicos, y los que caían fuera, profanos... Esto recuerda a los métodos de corrección de exámenes de nuestros profesores, cuando nos decían que pintaban un círculo con tiza en el suelo, lanzaban los exámenes al aire, y los que caían dentro aprobados, y los que no suspendidos... Claro, todo el mundo sabe que ningún maestro, en su sano juicio, utiliza ése método... y aquellos hombres, naturalmente, tampoco lo hicieron. Así que habría que preguntarse por qué decidieron incluir unos evangelios, los que conocemos en la Biblia oficial, y por qué excluyeron otros. Por ejemplo, el de Felipe, donde aparece recogido nada menos que aquella vez en que el propio Jesús mató a un niño, cuando él contaba sólo cinco años... o el famoso episodio de los pájaros de barro...
También me hace gracia cuando se dice que la Biblia no hay que leerla literal… Por ejemplo, es muy famoso el caso de aquel Obispo inglés que en el siglo XIX nos dijo que el planeta tierra tenía, ni más ni menos, 4004 años. Lo había calculado sesudamente siguiendo no sé qué fórmulas fijándose en las cifras de la Biblia (cosa que no entiendo, porque los primeros hombres, como en la obra de Tolkien, tenían cientos de años, mírese Adán y sus primeros descendientes, el propio Matusalén...) El abuelo del gran lógico Bertrand Russel visitó el Volcán Edna y mirando la lava ardiente comprendió que era imposible que el mundo sólo pudiera tener 4000 años, y así lo dijo en un trabajo que publicó, quedando, claro, excomulgado fulminantemente. Todos -el clero sobre todo- se rieron profusamente del bueno de Darwin, que tanto molesta aún a fundamentalistas en todo el mundo, sobre todo en EEUU (¡aún!), cuando enunció su célebre teoría del Origen de las especies... pero claro, apareció un problema: los fósiles. Empezaron a aparecer fósiles de dinosaurio, incluso humanos o predecesores nuestros antiquísimos... ¿4000 años, sólo? El ser humano, tal y como lo conocemos hoy, tiene entre 40.000 y 150.000 años ¿A imagen y semejanza de Dios?? A ver si dios va a ser un mono... con todos los respetos, por supuesto.
Pero claro, la Iglesia tiene respuestas para todo, aunque tampoco la Iglesia, ella opta por no pronunciarse y punto, sino algunos eclesiásticos contumaces que simplemente contestan ante estas evidencias en su línea: "Los fósiles, sin duda alguna, debieron ser colocados allí por el mismo Dios, para así probar nuestra fe en él..." Por favor... Y con Darwin ídem de los mismo, la teoría creacionista: Dios nos creó así... Es decir, la Biblia se ha de interpretar... Cuando se dice que Sansón mató con una quijada de burra no sé cuántos filisteos hay que interpretar... cuando se dice que el espíritu santo es una paloma hay que interpretar... cuando se dice que sobre esta piedra construiré mi iglesia hay que interpretar... ¿y quién interpreta?
Ah, no preocuparse, para eso están los profesionales de la religión que, por un módico sueldo, te van a explicar lo que el hagiógrafo quería decir en éste o aquél pasaje... Tú no te preocupes que ya te explicamos nosotros en las homilías cómo debes leer la Biblia, es más, mejor no la leas, eso es de protestantes…
En fin, que lo dejo ya, estos temas me sacan de quicio. No he querido -ni lo he sido- ser irrespetuoso, he utilizado el mismo tono, el mismo respeto, la misma confianza que has utilizado tú para meterte en mi ordenador y empezar a soltar sermones... Yo no lo volveré a hacer y te pido a tí que tampoco lo hagas.
sábado, 9 de junio de 2007
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