miércoles, 6 de febrero de 2008

Principio de novela II



Introducción

Caminábamos hacia la casa de aquel chico, de aquél con cara de sinestesia.

Ésta no es una historia común.

Alguien me dijo una vez que Nietzsche dijo algo así como que cuesta leer a los filósofos porque se empeñan en explicar lo que escriben… Me lo dijo precisamente porque yo, muy a menudo, me empeño en explicar la forma de mis textos. Dicho esto, y a pesar de ello, me voy a arriesgar y sigo explicando. Digo que no es una historia normal, común. Muy lejos queda de mis pretensiones narrar una historia, exponer un argumento. No me interesan excesivamente los detalles de los paisajes, lo cual no significa que no describa algunos; ni excesivamente la psicología de los personajes o la linealidad, aunque haya de todo eso.

Lo que quiero decir es que las historias son falsas y aburridas en su mayoría. Aburridas sólo –esto en las mejores- en ése sentido. Es decir, en el sentido de que son falsas. Borges ya tuvo el gran acierto –por eso los grandes son grandes, por tener grandes aciertos- de titular ficciones a sus ficciones. Aunque sea redundante.

La realidad puede ser una ficción, se me dirá. O superar a las ficciones. Precisamente ahí voy yo.












Primera parte

Vamos a tener que arreglar el grifo, las paredes, la estancia, todo el suelo… Acabamos de mudarnos. Este piso es más pequeño, pero más soleado. Se aprecia desde aquí toda la ciudad y apenas nos estorban esos altos edificios nuevos. Esta noche vendrán a cenar Jorge, Laura y Esquivel. Vamos a hacer una pequeña fiesta de inauguración, pero no podía venir todo el mundo y al final serán dos o tres pequeñas fiestas que se limitarán a cenas frugales y rondas de bebidas.

Yo le dije a Mónica que el cuadro de la entrada no me gustaba. No me gustaba. Era una imitación de Rafael que me daba miedo y un poco de asco. No conseguía hacérselo entender. Tener ahí colgado un Rafael falso durante años me horrorizaba.

Ella ponía Bowie, leía Kafka, fumaba hash, y vestía minifaldas poperas y lucía gafas de sol. Se teñía camisetas a lo hippy y tenía bastante dinero. Le gustaba follar con las piernas abiertas y la puerta cerrada. Encendía incienso y bowie bajito, a veces algo español, no sé, sus pereza o calamaro. Acabé odiando el puto incienso.

Jorge llega sólo y me dice que nos tomemos él y yo algo en el bar. Laura no podía venir. Mónica no dice nada, sin Laura le da un poco igual.

- Me ha llamado Esquivel y me ha dicho que está con otro y que me deja.-Me suelta Jorge con pocos preámbulos. Que se joda, pienso yo, era una puta egoísta y, además, nunca me cayó bien. En vez de decirle eso, le pregunto:

- ¿Tú la querías?-Odiosa pregunta, pero que siempre encuentro justificada.

- Hombre… Ya sabes, quererla, quererla… Es el mismo puto rollo de siempre. Yo sabía que era una guarra que me ha puesto tubos un par de veces. Pero luego volvía con su carita de cordera degollada, de que iba borracha, de que no significa nada… Y yo me pregunto cómo no puede significar nada dos años de encuentros a escondidas. El caso es que al final se ha ido con otro. Un gilipoyas de gimnasio. Lo peor es la sensación de que, si lo viera, no podría ni darle dos hostias…

Nos tomamos varias cervezas. Él me suelta la misa mierda de siempre. Que son todas unas guarras, que cómo podía hacerle eso… me suena a canción de Alaska. Por un momento pienso que no quiero a Mónica. Si me pusiera los cuernos, o me abandonara, me jodería más por la sensación de haber perdido, es más, por la sensación de no haber ganado, o de que me hayan ganado, que por ella en sí. Si lo pensaba fríamente, no, no la quería. No es que fuera una más, ni una menos, no, es que no la quería. Sencillamente.

Vuelvo a casa y encuentro a Mónica tumbada en la cama dormida. Su cuerpo desnudo me provoca erección. No lo puedo evitar. En ese sentido, fue un auténtico regalo del cielo. No siempre me gusta hablar con ella, de hecho casi nunca, no siempre me hace reír, de hecho casi nunca, pero siempre me provoca una erección de caballo. Nunca me canso de contemplarla. Vestida, desnuda, en bragas, bikini, minifalda, por dios en minifalda… Sus pies son bombas para mí, y toda ella es un volcán.

Me desnudo y me tumbo a su lado. Pienso en despertarla para hacer el amor, pero entes reflexiono acerca de mi propiedad. ¿Es ella mi propiedad? La monogamia es muy curiosa. Cuando yo no tenía a Mónica me obsesionaba con una amiga que se había follado a tres amigos míos. A mí me volvía loco, y aún me vuelve. Creo que, de no haber encontrado a Mónica, me hubiera pegado un tiro. Mis hormonas son mías sólo para indicar que no son de otro, pero ni mucho menos para indicar que yo las dirijo o las controlo o las domino de alguna forma. Ellas responden a unos mecanismos que escapan totalmente a mi control, a no ser que hablemos de bromuro o química en general. En cuyo caso sus efectos son generales, nunca determinados. El caso es que sólo con Mónica he vuelto a sentir algo tan intenso. Era brutal, bestial. Si ya de por sí el ver a chicas en general te dejaba muy maltrecho, con ella era demencial. Me llamaba al móvil y sólo el ver su nombre en la pantalla me causaba una erección. En verano iba descalza y, a veces, jugando, me ponía el pie en la cara, y yo sé que si la hubiera matado en ese mismo instante, cualquier jurado que pudiera escrutar mis hormonas me absolvería. ¿La violo?, me preguntaba continuamente. No, eso está mal. Pero, ¿y por qué entonces la naturaleza cruel se empeñaba en torturarme de ese modo? ¿acaso la selección natural me estaba indicando que ella y no otra debía ser la indiscutible madre de mis hijos? ¿y por qué ella se echa en brazos de los cabrones de mis amigos, dejándose introducir sus paupérrimas pollas por sus cavernas ignorando mi obcecación demencial?

Hace tiempo que dejé de creer en dios por razones sexuales mucho antes que de otro tipo.

El caso es que la desperté y me dijo riéndose que me esperaba. Follamos bastante bien.

Luego me dormí un rato, no más de media hora. Cuando desperté ella dormía de nuevo. Realmente tenía cara de ángel. Me preguntaba por qué me quería, si es que me quería, o por qué me había elegido a mí para pasar estos preciosos días de ya huidiza juventud.

Las mujeres son un misterio. Supongo que los hombres también lo somos. Así que digamos que el sexo opuesto es un misterio. Hay que tener la convicción de que todo lo que creamos saber sobre él es falso. Absolutamente. Luego hay que tener la convicción de que no valen las convicciones. Sólo ésta que acabo de mencionar. Es como en la película esa mediocre de Hitch, o algo así, donde Will Smith es un erudito follador y alcahueto profesional. Sus clientes ponen en práctica todos sus consejos que, por otra parte, no son más que viejos tópicos manidos, y las mujeres se enamoran de ellos precisamente en los huecos que dejan entre una puesta en práctica del consejo y otra. Es decir, se enamoran de ellos cuando no ponen en práctico ninguna convicción, ninguna enseñanza acerca del otro sexo. El puto ser tú mismo.

Yo odio profundamente el “sé tú mismo”. Puedo creer saber a qué se refieren cuando lo dicen, pero es tan fácil de desmontar que no me atrae. Y, en el fondo, tienen razón. Ser yo mismo no funciona, ser otra persona no funciona. Quizá no esté hecha para tener amigos… Y, al final, Lisa consigue amigos.

Suena el móvil de Mónica pero ella no se despierta. Yo dejo que suene, no me apetece saber quién es. Alguna de sus estúpidas amigas, supongo. O la loca de la hermana, o la pesada de la madre. Me levanto y le cojo un cigarro del bolso. Me había jurado que no volvería a fumar, pero poco a poco estoy dejando de no fumar… sin libros de auto ayuda ni nada.

Tiene sueño robusto, así que enciendo el ordenador para poner música. Betales, Eagles, Iron Maiden, Scorpions, La Casa Azul, Paulina Rubio, Los Inhumanos, Celtas Cortos, Héroes, poperos guiris que según cómo me levante me emocionan o me aburren, Rolling, Loquillo… un poco de todo. Selecciono reproducir todo y le doy al random. Que elija la máquina por mí. Tarda unos segundos en abrir a la vez los más de dos mil archivos que hay de música en ésa carpeta. Empieza a sonar primeros compases de algo que relaciono con Peral Jam. Está bien.

Me asomo a la ventana. El móvil ha dejado de sonar. Me imagino que llenará la pantalla el mensajito anunciando que una llamada está igual que la mayoría de nosotros, sino todos. Mi casa es como la vida misma. Dependiendo de por dónde te asomes ves unas cosas u otras. Si me asomo por un lado, mi habitación, tengo cemento a menos de tres metros de mí. Unos vecinos yonkis escuchan flamenco o when i was young mientras se pinchan algo hasta altas horas de la madrugada. La verdad es que tampoco me molestan. Justo al lado hay un solar abandonado, con un árbol que se muere y un tejado hecho de cañas y barro, a lo Blasco, y muros de piedra que se caen con el paso de los años. Como todos. Sin embargo, no me deprime. Veo belleza en esos restos, en el cemento, en el gris de la pared agrietada de en frente. Por otra parte, si me asomo por el otro lado, veo la playa. Se extiende delante de mí un trozo del Mediterráneo. Las olas lamen la orilla del mar, olas en cuyas aguas barcos fenicios, griegos, cartagineses, romanos y decenas de culturas más que parió el Mediterráneo, hundieron sus quillas y surcaron sus aguas. Veo volar gaviotas sobre el mar, veo cuerpos tostándose en la playa, veo la especulación urbanística. Creo que saboreo la vista de cemento y grietas porque sé que al otro lado tengo la de mar y playa. De todas formas tampoco me asomo tanto a ninguna de las dos ventanas. Me quedo dentro de mi casa.







Segunda parte

Me levanto hacia las diez y ella no está. La verdad es que no estuvo nunca, pero eso no tiene mayor importancia en este relato.

Siento que la realidad se desvanece de nuevo. Soy consciente completamente de que la realidad no son más que mis neuronas, y me doy cuenta de lo fragilísimo que esto es. Así que me siento leve. Y este es el mayor miedo que puede sentir un hombre.

Veo el cemento como cemento. Ya no tiene sentido para mí. ¿Serán las drogas?¿golpes en la cabeza?¿la edad? Soy joven aún. El parkinson y el alzheimer resuenan a lo lejos. Soy capaz, totalmente capaz, brutalmente capaz, de despojar de valor y recuerdos al asfalto de mi calle. Mi barrio no es el barrio donde nací y me crié, donde jugué con los que aún son mis amigos, donde me escondía o corría para que no me pillaran… El barrio es cemento, sé que lo cosntruyó un arquitecto humano y sólo es piedra sobre tierra. Ya está. Absolutamente ya está.

Cosas como esas son las que te despegan de la realidad. Las que te hacen flotar. La llamada pérdida de raíces hace que te salgas volando hacia arriba, y el hombre ha de estar en el suelo. Me mareo.

La mejor medicina para estos casos es el fútbol. Ya sé porqué los hombres se flipan con el fútbol. Es gregario, une, te sujeta a tierra. Es una rutina útil, utilísima, absolutamente indispensable, diría yo. Lástima, terrible lástima que a mí no me guste el fútbol. Pero las noticias también unen lo suyo. Sé que hay treinta millones de españoles que conocen la misma noticia que yo. Y si hablamos de noticias internacionales ya son muchos más seres humanos. Eso te sujeta un poco. Crusoe no es humano si no se volvió loco en aquella isla.

Salí de mi casa buscando un poco de aire, aunque la ciudad ardía y sabía que regresaría con mucho más calor. Fui a casa de Jorge y bajó con dinero en el bolsillo. A lo largo de los ochenta años de nuestra vida, aproximados, un lunes veraniego por la tarde, a pesar de todo lo que hay que hacer en la vida y del poco tiempo de que disponemos, una de las mejores cosas que puedes hacer, desde tiempos inmemoriales, es ir a un bar a beber cerveza. Creas un microclima y una tarde es como una vida que has pasado cojonudamente. Claro que, a veces, vuelves borracho a casa y el martes te odias un mar un poco.

Nos ponen dos cañas y Jorge enciende el primer cigarro. Yo procuro no fumar. Tampoco hablamos mucho, o mejor dicho, no hablamos muy fluido. Podemos bebernos una cerveza entera sin casi hablar. Es lo que pasa con los que más quieres, que precisamente les quieres y ya les has dicho casi todo. Las cosas no es bueno repetirlas mucho. Y yo creo que soy hombre de pocas palabras, como esos tipos duros de Hollywood, sólo que no tan duro. Y creo que me gustaría hablar más, pero nunca sé bien de qué.

Aunque eso sí, hay veces que, por lo que sea, me animo un poco y me apetece contar alguna historieta o anécdota tonta. Igual que casi todo el mundo. Igual que esa gente que disfruta contándote lo que le pasó tan curioso hace dos días en el parking del centro comercial, o con su perra en casa, o yendo en coche… Así funcionamos los humanos en general. Nos tenemos que contar mierdas los unos a otros para entreternernos porque, si no, ¿qué coño hacemos?. Pero a Jorge y a mí no nos hacía tanta falta eso. Lo dosificábamos.

Me dice que lleva dos días sin Esquivel y que está jodido.

- ¿La echas mucho de menos? –le pregunto yo.

viernes, 21 de septiembre de 2007

De gotas de lluvia estás hecha

Cincelada por la lluvia, la muchacha delante de mí se fue asemejando a una sirena varada. Aferrada a una farola de la cera, el nivel creciente del agua nos arrastraba a todos. La lluvia la golpeaba con fuerza, parecía que levantara el asfalto, los relámpagos inundaban todo de una claridad fulgurante, el sonido líquido y brutal de la lluvia precipitándose ensordecía, y ella gritaba.

Vi cómo su cuerpo recibía los impactos de las pesadas gotas a ráfagas. Parecía que un arquitecto la estuviera esculpiendo. Se levantó triunfante y vi a un ángel de lluvia. Había presenciado el nacimiento de un ángel.

sábado, 9 de junio de 2007

Aquí predicamos todos. Faltaría más...

“Con Dios está la Sabiduría y el Poder. Suyo es el Consejo y la Inteligencia.” Job 12:13

Es la Biblia la reunión de 66 libros. Éstos tienen diferentes tamaños pero siendo escritos por diferentes humanos en muy diferentes épocas y con mucha distancia en tiempo tienen, sin embargo, una coherencia absoluta. ¿Por qué? Porque todos esos autores fueron inspirados por el Espíritu Santo y ellos redactaron casi sin saber de lo que escribían. Pruebas por miles y miles pero tomemos sólo un par de ellas: Moisés es el escritor de los cinco primeros libros bíblicos que en su contexto se conocen con el Pentateuco y ellos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. La aparición real de Moisés, su nacimiento, ocurre recién en el capítulo 2 del segundo libro (Éxodo) después de miles de años de la creación de Adán por Dios, entonces: ¿Cómo pudo escribir sobre el comienzo de las cosas? ¿Cómo lo sabía? Si nadie antes de él había escrito algo…Simplemente por el Poder del Espíritu Santo. Otro caso: Vayamos al rey David quien es autor de la mayoría de los Salmos y en ellos describe con absoluta verdad sobre los padecimientos de Cristo en la cruz, de los diálogos de Jesús con Su Padre, palabra a palabra. ¿Cómo supo David lo que pasaría? Nunca lo supo. El poderoso Espíritu Santo lo reveló. Maravilloso poder de Dios. Estos dos ejemplos muestran a un hombre (Moisés) que escribió sobre el pasado que él no conocía y a otro hombre (David) que redactó sobre el futuro que ni siquiera soñaba. Veamos al Espíritu Santo de otra forma. Tomemos dos de sus innumerables apariciones:

“Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre Él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo Amado; en ti tengo complacencia.” San Marcos 1:9-11

¿Es el Espíritu Santo una paloma? No, en lo más mínimo pero si no tomaba forma visible cómo los incrédulos humanos podían atestiguar que verdaderamente se cumplían las Escrituras cuando dicen, miles de años atrás:

“He aquí mi siervo, yo le sostendré, mi escogido en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre Él mi Espíritu, Él traerá justicia a las naciones.” Isaías 42:1

Otro caso: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” Hechos 2:1-4

¿Es el Espíritu Santo un recio viento? No, en lo más mínimo. Así también puede aparecer como Él lo desee, aunque en realidad Él no es visible generalmente al ojo del cuerpo. Pero… ¿qué hace ahora? Aquí viene lo importante. Dijo Jesús a sus discípulos antes de su ascensión:

“No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:7-8

El Espíritu Santo es una de las tres personas que están en Dios, las otras son el Padre y el Hijo. No son tres Dioses. Es un único Dios con tres personas. Ahora su misión es, lo que dijo Jesús:

“Y cuando Él (el Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia por cuanto voy al Padre y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. San Juan 16:8-11 Y agrega: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.” San Juan 16:13-15

El Espíritu Santo es el que convence al pecador de su pecado, es el que quebranta el corazón de las personas para que se reconozcan pecadores. Es poder de Dios actuando para glorificar a Jesús, para mostrarlo a Jesús como único y absoluto salvador, como el único camino, como la única posibilidad que tienen los hombres de ir a vida eterna. El Espíritu Santo hace una incansable obra en el corazón de las personas, y es el Poder que puede traer a Jesús a morar en tu corazón. ¿Qué te parece? Dios morando dentro de ti. Rechazar al Espíritu Santo es pecado imperdonable porque es rechazar la obra perfecta de Jesús en la cruz. A veces Él llama una vez, dos, quizás muchas pero todo esto mientras tú tienes vida, y después qué: el juicio. El juicio para vida eterna o para condena eterna. Hoy es el día de tu salvación, hoy el Espíritu Santo te quebranta el corazón para que Jesús entre en Él. Nunca sabemos hasta cuándo sonará el tambor del corazón, pero ese sonido es un golpeteo y golpea Jesús pidiendo que por fin abras esa puerta. Él quiere cenar contigo. ¿No quieres a Jesús en tu mesa? Entonces dile y no te rechazará. Dile que has pecado. Que te arrepientes. Que te perdone. Que sea el Señor de tu vida. Que te de vida eterna. Que te sane. Que te limpie. Que te haga nacer de nuevo. Que te muestre su gracia y misericordia, también su amor. Que le obedecerás. Que quieres tener paz en tu corazón…

Que el Espíritu Santo te ayude y que Dios te bendiga y te guarde.

No hace mucho recibí esto que acabáis de leer por mail. No era el primero que me enviaba, no voy a decir quién era porque no me interesa, pero no era el primero que me enviaba. Así que le contesté lo que sigue:

Por favor, me gustaría que no me volvieras mandar ningún mail diciéndome que tengo que creer en tal o en cuál cosa, intimidándome e importunándome. No digo que tu intención, en su ambigua inocencia, no fuera "buena", pero no quiero recibir más mensajes tuyos. Y ya que tú has creído ver en mí la suficiente confianza como para enviarme un par de mails catequísticos y enseñándome el dogma, voy a usar esa misma confianza yo haciendo un par de mínimas anotaciones.

Dices que Moisés conocía el pasado gracias al espíritu Santo, que David conocía el futuro gracias al mismo espíritu santo, que el espíritu santo no es una paloma, que tampoco es un recio viento, que es uno y trino... sólo te ha faltado contar lo que le pasó a San Agustín en la playa con aquel ángel y decirnos qué es un misterio...

La Biblia son sesenta y seis libros dices, ¿por qué no explicas cuál fue el procedimiento que se siguió para seleccionar esos libros? Porque ¿no había alguno más? Bueno, ya os lo digo yo, en el famoso concilio, se reunieron los obispos de la época y dejaron en manos de la divina providencia tal tarea: para separar los "buenos" de los "malos" no se les ocurrió otra cosa que ir lanzando los libros sobre una mesa, y los que cayeran dentro eran canónicos, y los que caían fuera, profanos... Esto recuerda a los métodos de corrección de exámenes de nuestros profesores, cuando nos decían que pintaban un círculo con tiza en el suelo, lanzaban los exámenes al aire, y los que caían dentro aprobados, y los que no suspendidos... Claro, todo el mundo sabe que ningún maestro, en su sano juicio, utiliza ése método... y aquellos hombres, naturalmente, tampoco lo hicieron. Así que habría que preguntarse por qué decidieron incluir unos evangelios, los que conocemos en la Biblia oficial, y por qué excluyeron otros. Por ejemplo, el de Felipe, donde aparece recogido nada menos que aquella vez en que el propio Jesús mató a un niño, cuando él contaba sólo cinco años... o el famoso episodio de los pájaros de barro...

También me hace gracia cuando se dice que la Biblia no hay que leerla literal… Por ejemplo, es muy famoso el caso de aquel Obispo inglés que en el siglo XIX nos dijo que el planeta tierra tenía, ni más ni menos, 4004 años. Lo había calculado sesudamente siguiendo no sé qué fórmulas fijándose en las cifras de la Biblia (cosa que no entiendo, porque los primeros hombres, como en la obra de Tolkien, tenían cientos de años, mírese Adán y sus primeros descendientes, el propio Matusalén...) El abuelo del gran lógico Bertrand Russel visitó el Volcán Edna y mirando la lava ardiente comprendió que era imposible que el mundo sólo pudiera tener 4000 años, y así lo dijo en un trabajo que publicó, quedando, claro, excomulgado fulminantemente. Todos -el clero sobre todo- se rieron profusamente del bueno de Darwin, que tanto molesta aún a fundamentalistas en todo el mundo, sobre todo en EEUU (¡aún!), cuando enunció su célebre teoría del Origen de las especies... pero claro, apareció un problema: los fósiles. Empezaron a aparecer fósiles de dinosaurio, incluso humanos o predecesores nuestros antiquísimos... ¿4000 años, sólo? El ser humano, tal y como lo conocemos hoy, tiene entre 40.000 y 150.000 años ¿A imagen y semejanza de Dios?? A ver si dios va a ser un mono... con todos los respetos, por supuesto.

Pero claro, la Iglesia tiene respuestas para todo, aunque tampoco la Iglesia, ella opta por no pronunciarse y punto, sino algunos eclesiásticos contumaces que simplemente contestan ante estas evidencias en su línea: "Los fósiles, sin duda alguna, debieron ser colocados allí por el mismo Dios, para así probar nuestra fe en él..." Por favor... Y con Darwin ídem de los mismo, la teoría creacionista: Dios nos creó así... Es decir, la Biblia se ha de interpretar... Cuando se dice que Sansón mató con una quijada de burra no sé cuántos filisteos hay que interpretar... cuando se dice que el espíritu santo es una paloma hay que interpretar... cuando se dice que sobre esta piedra construiré mi iglesia hay que interpretar... ¿y quién interpreta?

Ah, no preocuparse, para eso están los profesionales de la religión que, por un módico sueldo, te van a explicar lo que el hagiógrafo quería decir en éste o aquél pasaje... Tú no te preocupes que ya te explicamos nosotros en las homilías cómo debes leer la Biblia, es más, mejor no la leas, eso es de protestantes…

En fin, que lo dejo ya, estos temas me sacan de quicio. No he querido -ni lo he sido- ser irrespetuoso, he utilizado el mismo tono, el mismo respeto, la misma confianza que has utilizado tú para meterte en mi ordenador y empezar a soltar sermones... Yo no lo volveré a hacer y te pido a tí que tampoco lo hagas.

sábado, 26 de mayo de 2007

La historia de terror más breve

La niña que sostenía el cuchillo se quedó prendada, hipnotizda, con el lento goteo de la sangre que se producía desde la punta del cuchillo hasta el suelo. Ella se quedaba con la visión fija en la punta del cuchillo ligeramente inclinado. Las gotas diminutas acudían a confluir allí. Poco a poco, la niña podía observar cómo aquella acumulación de gotitas generaban una mayor, hasta que llegaba el momento en que ésta se hacía demasiado pesada y se separaba del resto cayendo y estrellándose contra la baldosa.

Este proceso sucedía más o menos rápido al principio clip-clip-clip-clip. Luego se relantizó clip-clip, clip-clip... Hasta que ya no quedaban más gotas y apenas caía alguna distraída muy de vez en cuando.

La niña esperó hasta apurar la última gota, y cuando vio que el cuchillo ya no daba más de sí, volvió a introducirlo en la cuenca del ojo de su madre, repasándolo y frotándolo muy bien para que se empapara al máximo.

Y comenzó de nuevo el concierto.