Cincelada por la lluvia, la muchacha delante de mí se fue asemejando a una sirena varada. Aferrada a una farola de la cera, el nivel creciente del agua nos arrastraba a todos. La lluvia la golpeaba con fuerza, parecía que levantara el asfalto, los relámpagos inundaban todo de una claridad fulgurante, el sonido líquido y brutal de la lluvia precipitándose ensordecía, y ella gritaba.
Vi cómo su cuerpo recibía los impactos de las pesadas gotas a ráfagas. Parecía que un arquitecto la estuviera esculpiendo. Se levantó triunfante y vi a un ángel de lluvia. Había presenciado el nacimiento de un ángel.
viernes, 21 de septiembre de 2007
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